Lo
cotidiano es fenomenal, cuando la vida marcha literalmente
sobre ruedas.
JORGE FONT
Por Magda Crisantes
Su familia
A las personas se les puede conocer de muchas maneras
por lo que aman. Y si he de contar mi historia, empecemos
por el eje de mi vida, mi familia: mi esposa Tere y mi hijo
Pablo, de un año de edad. Tere y yo fuimos novios
cinco años y medio, luego nos casamos y Pablo llegó 6
años después.
Pablo ha sido un regalo gigantesco que ha significado la frescura
de la vida. Con Pablo es como vivir El Principito: encontrarte
con huecos y ganas y en un alto, ese Principito te pregunta
por la vida y por las cosas importantes que parece que no lo
son. Aunque claro, con su llegada, hubo que reorganizar toda
la casa (y la vida).
Su profesión
Aún me siento como adolescente porque no sé qué quiero
ser de grande, soy licenciado en administración de empresas.
Yo quería ser doctor y poco antes de presentar mi examen
para ingresar a la carrera de medicina, tuve un accidente,
esquiando en agua, el 8 de marzo de 1988. Tuve que dejar de
estudiar porque en el inicio, la rehabilitación es un
trabajo de tiempo completo. Desde aprender a toser (no puedo
mover los músculos abdominales, sólo del pecho
hacia arriba) hasta escribir (antes del accidente hacía
diagramas de anatomía. Después, había
que empezar de cero). Aprender a vestirme, a sentarme, a mantener
el equilibrio, a manejar la silla de ruedas. La rehabilitación,
en fin, requería un trabajo de 24 horas.Yo quería
ser cirujano y en ese momento, pensé que era inaccesible.
Me vine a vivir a Cuernavaca (para estar cerca de mi terapeuta
físico) y un día acompañé a unos
amigos al Tec de Monterrey y decidí estudiar Administración,
por estudiar algo, cualquier cosa. No quería convertirme
en un sofá hablador, como Ramón Sanpedro, de
la película Mar adentro que acabo de ver ayer.
Lo que más me gustó de la carrera fue conocer
diferentes maneras de pensar e integrarlas: la mercadotecnia,
las finanzas y las producción son formas distintas de
abordar la realidad pero todas pueden sumar en la resolución
de problemas.
Hice mi servicio social en un centro de rehabilitación
de un doctor holandés, en Cuernavaca.
Font Quijote
Cuando terminé mi carrera, quería demostrarle
al mundo que podía trabajar en lo que yo quisiera, en
algo que no tuviera que ver con la discapacidad. Así que
empecé en Probursa y fue como hacer una maestría
en economía.
Luego apoyé a mi hermano y mi papá que pusieron
una fábrica de producción de galletas y palanquetas
y también fuí voluntario en “Piensa primero”,
una asociación que se dedica a la prevención
de accidentes. Al mismo tiempo, trabajaba en un despacho de
capacitación de un amigo. “Piensa primero” me
apasionó, y pensé en dedicarme a eso al 100%
pero estaba a punto de casarme, así que tenía
que resolver el asunto económico.
Entonces, trabajé de tiempo completo en el Teletón,
durante 2 años, donde pude poner mi experiencia de vida
al servicio de los demás en un trabajo. Con el Teletón,
rehabilitamos la confianza de México en sí mismo
porque ahora tenemos la confianza de que en nuestro país,
podemos hacer las cosas bien y en grande. En el Teletón
tuve el privilegio de conocer a Fernando Landeros, el Chobi,
y como muchos otros, me dejé contagiar de ‘su
locura’ (él es otro Quijote). Conocí a
infinidad de familias con discapacidad, y constaté que
cada quien hace lo que le toca. Pude palpar la grandeza de
lo simple.
Ahí surgió la posibilidad de poner el Olinca
en Cuernavaca. Ese era el proyecto que Tere, mi esposa, había
deseado desde siempre. Significó la posibilidad de emprender
un proyecto que me permitiera vivir y trabajar en Cuernavaca,
cerca de mi eje, mi familia. Tere y yo supervisamos desde la
construcción y actualmente soy el director. Ella dirigió primaria
y pre-escolar hasta que nació Pablo. Ahora, viene tres
veces por semana a dar asesoría académica.
Casarse
Conocí a Tere en la universidad. Al principio es muy
fácil confundir el miedo a la soledad con el enamoramiento,
me daba pánico quedarme solo por el resto de mi vida.
Ahora me doy cuenta de que no estaba completamente rehabilitado
porque pensé que cómo era posible que ella se
fijara en mí así. Pero descubrí que hay
gente dispuesta a ver más allá ‘del chasis’ y
desde una perspectiva normal. Lo más padre fue que nuestra
relación ha sido así desde el principio, de alguna
manera siguiendo el lema del Teletón: ‘Yo tengo
lo que a ti te falta’.
Tere es mis brazos, mis piernas, mi inspiración. Pero
yo puedo ser la sonrisa diferente, el recuento del tiempo que
no siempre corre tan de prisa, la pregunta por el sentido de
la vida, el compañero en tu sombra y la parálisis
que mueve. Ambos aprendimos que la vida en pareja no es ni
la absoluta independencia ni la absoluta dependencia sino interdependencia.
El que te ama te reta, te confronta. Como dice Serrat, lo común
que reconforta y lo distinto que estimula. Y como dice Goethe, “da
más fuerza saberse querido que saberse fuerte”.
No es cierto que el amor es ciego. Es el visionario más
grande porque ve al otro no como es, sino como puede llegar
a ser. A través de la mirada de los demás, de
mis amigos, de mis padres, de Tere, encontré a un Jorge
que yo solo no habría encontrado. Yo no habría
podido llevar una vida como la que llevo ahora, de no ser por
la mirada de quienes creían en mí, más
incluso que yo mismo.
Aparte, tuve mucha suerte porque la familia de Tere me aceptó,
tomando en cuenta que los príncipes azules llegan a
caballo, no en silla de ruedas.
Ser papá
Como todo proceso que se vive, depende de cómo lo vives.
Aunque no creo en las etiquetas sino en las cosas que te han
pasado en la vida, sí me pregunté qué es
ser papá. Y en ningún lugar encontré que
significara que tienes que correr o caminar. Ser papá es
querer. Y puedes querer a alguien parado o sentado. Entonces,
el amor y la ciencia se pusieron al servicio de la vida y del
hombre. Para nosotros todo el proceso fue un espacio de reencuentro
y cercanía increíblemente hermoso, como un regalo
de la vida. Desde la noticia del embarazo, hasta el nacimiento
de Pablo. Cuando un hijo nace, naces como papá, te construyes
aprendiendo y disfrutándolo. Volví a revalorar
lo que fueron mis padres y busqué el significado de
ser papá en el modelo más cercano que tengo:
el mío.
Yo quisiera ser como mi papá, con esa intuición
de equilibrar el cariño con el reto. Mi papá es
mi entrenador, desde siempre. Su frase es: “si quieres
aprender a esquiar y ganar hay que hacer mínimo 4 cosas:
esquiar... esquiar... esquiar... y cuando tu cuerpo ya no pueda
más, esquiar.”


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Jorge Font Ramírez
36 años
Licenciado en Administración de Empresas
Maestría en desarrollo humano (estudia)
Director del Colegio Olinca en Cuernavaca
Deportista Mexicano del Siglo XX
Campeón mundial de esquí acuático (varias
veces)
Esposo de Tere
Padre de Pablo
Hijo, hermano, amigo
Puestos Actuales:
Director General Colegio Olinca Plantel Cuernavaca
Asesor de la Fundación Teletón
Presidente de la Asociación para
la
Prevención del Trauma Cráneo Medular
PIENSA PRIMERO A.C.
Condición Física Cuadriplegia
(C6-C7) por accidente deportivo desde Marzo 1988
Actividades Deportivas: ESQUI ACUATICO
Récord Nacional y Latinoamericano de Figuras:
1983,1984,1986,1987
7° Lugar en Figuras Campeonato Mundial,
Londres 1987
DISCAPACITADOS
Tercer Lugar en Figuras, Trofeo Mundial
para Deshabilitados, Michigan 1991
Campeón del Mundo y Récord
Mundial en Figuras y Slalom en el 1er Campeonato Mundial para
Deshabilitados
Roquebrune, Francia, Julio 1993
Campeón del Mundo en Slalom y Figuras
en el 2ndo Campeonato Mundial para Deshabilitados
Yarrawonga, Australia Marzo 1995
Campeón del Mundo en Slalom
en el 3er Campeonato Mundial para Deshabilitados
Orlando, USA Agosto 1997
Campeón del Mundo en Slalom y Figuras
en el 4to Campeonato Mundial para Deshabilitados
Londres, Inglaterra Agosto 1999
Campeón del Mundo en Slalom y Figuras
en el 5to Campeonato Mundial para Deshabilitados
Melbourne, Australia Marzo 2001
Campeón del Mundo en Slalom y Figuras
en el 6to. Campeonato Mundial para Deshabilitados
Orlando, USA Agosto 2003
Reconocimientos:
Premio “Luchador Olmeca” otorgado por la Confederación
Deportiva Mexicana 1995.
Premio COMPARTIR 1996 otorgado por la Fundación
Compartir, I.A.P. al trabajo voluntario.
Su pasión:
el esquí acuático
Mi papá tiene el récord mundial de figura y está en
el Salón de la Fama del esquí acuático.
Empecé a esquiar a los siete años y a los once
empecé a competir. Yo me accidenté un miércoles
y el sábado, mi hermano estaba compitiendo. Él
es uno de los mejores esquiadores del mundo y pienso que me
habría sentido muy culpable si mi accidente hubiera
acabado con la carrera de mi hermano.
Después del accidente, me dijeron que tenía 99.9%
de probabilidad de no volver a caminar y yo pensé que
sería ese mínimo porciento que haría la
diferencia. Que todo era cuestión de echarle ganas.
En el camino de mi rehabilitación encontré gente
muy valiosa, como el neurocirujano Roberto de Leo, que desde
terapia intensiva me reveló su estilo cuando empezó a
decirme “vago malviviente”. Fue firme, claro y
directo conmigo. Después de sesiones agotadoras de rehabilitación,
me revisaba y me decía: “veo que estás
trabajando al 100% pero para salir adelante, necesitas trabajar
al 1000”.
La otra persona clave en mi rehabilitación fue José Luis,
mi terapista físico, que me hizo vivir la rehabilitación
como un entrenamiento. La paradoja fue que los esquís
me dieron mi lesión pero también la disciplina
para salir adelante en mi rehabilitación.
Después del accidente, volví a esquiar por una
alta dosis de locura y necedad. (Quien vive de puras razones
termina suicidándose, como el de Mar adentro).
Recuerdo cuando mi gran logro era avanzar dos metros en mi
silla de ruedas. Actualmente, tengo una rutina de ejercicio
que incluye desplazarme 4 o 5 kilómetros, tres veces
por semana, y nadar.
Un día encontré en una revista unos esquís
especiales, para esquiar sentado. Mi hermano iba a ir a Estados
Unidos a una competencia mundial y yo me fui dos días
antes, con mi mamá, a una escuela especial para aprender
a esquiar. Claro que mis amigos financiaron mi locura. Por
eso sentí que una buena manera de agradecerles, era
esquiando, así en gerundio. Las cosas se hacen haciendo.
La vida se vive viviendo.
Para mí esquiar y sobre todo, volver a esquiar, es salirte
de la silla y estar donde están los demás. Sentir
la lancha que te empieza a jalar, el viento fresco. Es retar
a la parte de mí que menos me hace caso, es decir, mi
cuerpo. Pero esquiando me hace caso. El esquí en movimiento
es como la vida: si te sientas te caes y es para adelante.
En el slalom siento el vértigo, es increíble
cuánto disfruto ese cansancio de hacer lo que me encanta.
En 1991 fue mi primer campeonato en copa del mundo. Luego hicieron
3 categorías en mi discapacidad. En 1993 gané en
Francia mi primer campeonato mundial, que es cada dos años.
Desde entonces lo he ganado 6 veces. Sólo hubo uno en
Orlando que no gané porque me enfermé de las
vías urinarias la noche previa a la final. En slalom
sí pude competir y lo gané.
Todos los fines de semana entreno esquí con mi papá pero
ahora, además de mi papá y mi hermano, me acompañan
Tere y Pablo. Me gusta el ambiente del esquí, es lo
mío. Estoy empezando a entrenar chavitos los domingos
y la próxima semana voy a Perú a un campeonato.
Voy como juez, tengo certificación internacional.
Su mamá
Una de las personas más significativas de mi vida. Además
de Tere, es quien más me conoce. Con ella tengo una
relación... espiritual. Mi manera de ser es como una
síntesis de mis papás.
Una temporada muy larga de mi vida, desde mi accidente hasta
que me casé, mi mamá y yo fuimos como un binomio.
Ella se echó conmigo la carrera, sobre todo al principio,
que todavía no podía escribir bien. Muchos viajes
los hice con mi mamá, ella iba conmigo a las competencias.
Ella es mi compañía, mi certeza, un pilar bien
firme. Cuando mi accidente, mi papá puso la parte económica
y la manera como resolvió su propio dilema emocional.
Mi mamá, la ecualizadora de mis emociones, el puerto,
de ayuda, comprensión y cariño que me ayudó a
ver que la discapacidad podía ser una trampa o un trampolín.
El sentido de la
vida
Como dice Frankl, no hay que preguntarse por el sentido de
la vida. La vida te pregunta y tú respondes con lo que
vas haciendo. Yo creo en ese intentar responder, en base a
lo que vives, a lo que experimentas. Y creo, como Serrat, en
las utopías. Porque sin utopías, la vida sería
un ensayo hacia la muerte. Pero no creo en las utopías
en abstracto (ahí están los muros caídos).
Creo en la utopía de lo pequeño. En la utopía
de las personas. Porque han sido las personas las que han marcado
una diferencia en mi vida. Detrás de los títulos,
de los uniformes, de las empresas, y los proyectos, hay seres
humanos, con idéntica fragilidad.
No creo que haya que venir a este mundo nomás a acomodarse.
Yo vine a desacomodar. Hay personas que son como luces y sirven
como faros. Yo más bien quisiera ser un espejo, para
que quienes me me conozcan descubran cosas dentro de sí mismos.
Ycreo que trabajar con personas es eso: encontrar cosas dentro
de tí y dentro de los demás que valen la pena.
¿Con qué me
quedo de esta entrevista?
Yo, la autora, me quedo con la intensidad de su mirada, su
pasión por la vida, su sentido del humor y lo que no
puedo describir con palabras y que sólo teniendo a Jorge
Font frente a frente, se comprende. En efecto, es como un espejo
que inspira.
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